PIRATAS RADIALES

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Hace unos cuatro años los propietarios de los derechos de televisión del fútbol profesional en nuestro medio decidieron a dedo cerrar el círculo. Dispusieron que sólo dos radioemisoras habituadas a transmitir la temporada viendo la caja boba, es decir, cuando los partidos se jugaran en Lima y/o el Callao lo hacían con su propio personal, pero cuando ocurriera en provincias lo harían con sus «enviados especiales» viendo la tele.

Este vicio de los piratas radiales comenzó hace no menos de 20 años en otros países donde se hacía una combinación nada ingeniosa. El relator estaba en su cabina de radio en sus estudios y un reportero viajaba a determinada ciudad para cubrir informaciones al borde de la cancha y las entrevistas en la zona mixta. Es decir, el periodismo deportivo sometido a los caprichos y vaivenes de la modernidad de las comunicaciones.

La profesión ha perdido mucho con estos avatares que dejan un lado oscuro en tan hermosa tarea. Primero tachando a las emisoras que seguramente les eran incómodas o que no estaban en el ranking de las preferidas, no por los oyentes, sino por los dueños de los derechos. Segundo porque se perdió lo más extraordinario: competir y ganar al aire. O sea a ver quien hace el mejor esfuerzo por brindar la información más confiable y por cierto, veraz y al momento.

A unos días del reinicio del torneo de la Liga 1 en Lima, uno piensa que fantástico sería transmitir los 10 partidos en directo por radio desde el 7 de Agosto, sin ver la tele, enviando dos o tres relatores a cada escenario. Más aún con los clubes que no han firmado para que sus cotejos sean cubiertos por el cable. Pero eso no se podrá seguramente por un tiempo muy prolongado. Esta vez la pandemia metió su cuchara.

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