Opinión

Sáb3Nov 2018
Compartir

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Se pasaron los días, las semanas y los meses en forma vertiginosa. Hace un año nadie creía que podríamos estar en un Mundial de Fútbol luego de 36 años, lo que ocurrió el 15 de Noviembre del 2017 cuando dimos cuenta de Nueva Zelanda por 2 a 0. Triunfo merecido y que nos otorgaba el último cupo a Rusia en el escenario obligado, el Nacional de Lima.
Siempre se dijo que concurrir a un torneo de esta naturaleza poco o nada contribuiría a mejorar la organización de nuestro fútbol. Y ello porque mantenemos los vicios de antaño que pasan por la poca seriedad de los torneos locales, que siguen siendo modificados temporada tras temporada, donde no se sabe a ciencia cierta como se estructura la competencia casera. Y cuando estamos en pleno aprendizaje de sus bases y demás, resulta que el cierre del año lo tenemos encima.
O cuando nos enteramos un día antes de la cancelación de un partido porque el escenario no se encuentra en condiciones adecuadas, o es objeto de un resembrado o quizás, porque no, se le antojó al IPD cambiar la cancha sintética por una de piso natural. Y dentro de estas explicaciones tan discutibles no podríamos ignorar que el Ministerio del Interior marca la agenda de nuestro Descentralizado, porque se le ocurre que no se juegue el mismo día y en horas cercanas dos cotejos de "alto riesgo".
Para ello entre la Policía Nacional y los funcionarios públicos ministeriales le enmiendan la plana a la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional y reviran todo tipo de programaciones de acuerdo a sus criterios que resultan inapelables.
Por añadidura las carencias siguen siendo manifiestas. Miremos como quedamos en cuanto a los eventos de mayor jerarquía en el continente. Imposible hacer una evaluación sólo con derrotas y triunfos salpicados.
Los certámenes promocionales tienen etiquetados un montón de clubes que se nutren, en muchos casos, de jugadores prestados de provincias para cumplir con las exigencias, por lo tanto, habría que pensar si acaso así se promueve el fútbol de las divisiones menores.
Mientras tanto estamos de celebraciones, celebramos y con reserva los resultados de la cita rusa, pero no sabemos que habrá más allá. La competencia local merece un trabajo prolijo y de largo aliento. Gente profesional y no improvisada. Es hora de tomar decisiones.

Compartir

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

El Comité Olímpico Peruano parece haberse congelado desde que Lima fue designada como sede de los Juegos Panamericanos del 2019. Como que hubiera entrado en pánico escénico.

Cuando en la ciudad de Toronto en el 2013 recibimos la votación por encima de Caracas, Santiago y La Punta de Argentina, se recuerda, hubo una explosión de júbilo en todo el país porque estábamos frente a un logro jamás alcanzado. El personaje de mayor relevancia: José Quiñones, presidente del COP, un dirigente de características impresionantes por su dinamismo, relaciones, conocimiento, trayectoria. En él se fusionaban virtudes idóneas para que además de presidir el Comité Olímpico Peruano pudiera ser el más indicado en el reto panamericano.

Meses después de aquella imborrable cita, los problemas para Quiñones comenzaron con el IPD, el órgano rector del deporte peruano, que a través de una decisión inaceptable desconoció la existencia del ya nombrado  Comité Organizador de los Panamericanos para designar otro, al que se le entregó toda la autoridad, en un primer momento, y luego recursos y apoyo a través del hoy ex ministro de Educación Jaime Saavedra.

Se adujo que cuentas y balances de los Juegos Bolivarianos de Trujillo del 2013 no cuadraban y que existían dineros empleados en rubros distintos a sus orígenes. Quiñones pretendió defenderse pero hubo una campaña gobiernista feroz contra él junto a traidores muy bien identificados.

El COPAL de la época presidido por Luis Salazar y con la anuencia de la ex primera dama Nadine Heredia dinamitó al titular del COP, lo borró del mapa y echó por la borda todo ese esfuerzo que nuestra dirigencia había conseguido colocando a Perú en el más alto nivel.

Desde aquella infausta jornada a la fecha, el Comité Olímpico Peruano ha pasado de protagónico a inadvertido. No se sabe casi nada de sus gestiones, salvo por cierto que su nuevo presidente es el doctor Pedro del Rosario, y que habría hecho un informe temerario contra su propio organismo y sus antiguos dirigentes, el mismo que fue elevado al Comité Olímpico Internacional, originando preocupación y molestia de Iván Dibós, miembro COI representando al Perú.

Este tema no es un asunto que interesa a la prensa nacional, pues, poco o nada se ha dicho. Quiñones aún no reaparece y se ha perdido un hombre valioso.

El Comité Olímpico Peruano parece haberse congelado desde que Lima fue designada como sede de los Juegos Panamericanos del 2019. Como que hubiera entrado en pánico escénico.
Cuando en la ciudad de Toronto en el 2013 recibimos la votación por encima de Caracas, Santiago y La Punta de Argentina, se recuerda, hubo una explosión de júbilo en todo el país porque estábamos frente a un logro jamás alcanzado. El personaje de mayor relevancia: José Quiñones, presidente del COP, un dirigente de características impresionantes por su dinamismo, relaciones, conocimiento, trayectoria. En él se fusionaban virtudes idóneas para que además de presidir el Comité Olímpico Peruano pudiera ser el más indicado en el reto panamericano.
Meses después de aquella imborrable cita, los problemas para Quiñones comenzaron con el IPD, el órgano rector del deporte peruano, que a través de una decisión inaceptable desconoció la existencia del ya nombrado  Comité Organizador de los Panamericanos para designar otro, al que se le entregó toda la autoridad, en un primer momento, y luego recursos y apoyo a través del hoy ex ministro de Educación Jaime Saavedra.
Se adujo que cuentas y balances de los Juegos Bolivarianos de Trujillo del 2013 no cuadraban y que existían dineros empleados en rubros distintos a sus orígenes. Quiñones pretendió defenderse pero hubo una campaña gobiernista feroz contra él junto a traidores muy bien identificados.
El COPAL de la época presidido por Luis Salazar y con la anuencia de la ex primera dama Nadine Heredia dinamitó al titular del COP, lo borró del mapa y echó por la borda todo ese esfuerzo que nuestra dirigencia había conseguido colocando a Perú en el más alto nivel.
Desde aquella infausta jornada a la fecha, el Comité Olímpico Peruano ha pasado de protagónico a inadvertido. No se sabe casi nada de sus gestiones, salvo por cierto que su nuevo presidente es el doctor Pedro del Rosario, y que habría hecho un informe temerario contra su propio organismo y sus antiguos dirigentes, el mismo que fue elevado al Comité Olímpico Internacional, originando preocupación y molestia de Iván Dibós, miembro COI representando al Perú.
Este tema no es un asunto que interesa a la prensa nacional, pues, poco o nada se ha dicho. Quiñones aún no reaparece y se ha perdido un hombre valioso.
Jue1Nov 2018
Compartir

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

El Congreso de la República reparó después de ocho meses su terrible error de extender el mandato de Edwin Oviedo en su calidad de presidente de la Federación Peruana de Fútbol. Se trataba de algo inusual, sin fundamento de ningún tipo, salvo por la calentura del momento cuando estábamos aún celebrando la clasificación al Mundial de Rusia. Jamás se había visto un servicio a domicilio de un poder del Estado con un organismo de derecho privado en el ámbito deportivo para prolongar, de esta manera, hasta el 2010 la gestión de su titular.
Este absurdo en su momento no tuvo comentarios adversos porque todos vivían en una nube que creían que había llegado el mesías al fútbol nacional. Tremenda mentira porque Oviedo se deshizo de personajes valiosos como Javier Quintana, secretario general, y otros servidores con trayectoria porque lo más probable es el que quería ser el protagonista. A esta altura, Quintana habría sabido orientar al directorio y advertir lo que podría suceder con esta marcha y contramarcha congresal. Más aún con el manto de duda y zozobra plena que se siente hoy al saber que la FIFA acaba de hacer precisiones en cuanto a la injerencia política en nuestro país.
A esta altura es necesario poner en contexto la modificación de la ley 30727 conocida como Ley de Fortalecimiento de la FPF. Ha ocurrido porque al parlamento nacional se había hecho co-responsable de blindar a Oviedo quien tiene un cúmulo de denuncias penales que en muchos casos quedaron en nada por la intervención de un juez corrupto, hoy fugado del país.
Por lo tanto, el Congreso de la República no podía seguir amparando a semejante personaje y decidió jugarse entero pese las amenazas de la FIFA.
Los comentarios e interpretaciones son de varias tendencias. Para algunos no pasará nada porque el agua está tranquila, para otros es muy probable que seamos sancionados y con ello dejaremos de participar en un voluminoso programa de eventos.
Lo que pensamos sobre Oviedo en cuanto se originaron estos desagradables problemas lo repetimos hoy. Debió y debe apartarse del sistema deportivo para que pueda ser procesado por el poder judicial y no valerse de su cargo federativo.

Corporación Deportiva Fénix

baires2018

Niní, Mujeres reales!