Dom6Ene 2019

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Hay veces que nos ganan las añoranzas, los tiempos idos, porque recordar es vivir dicen los pensadores, y nos gana el sentimiento, en especial cuando vemos con escepticismo como desaparecen las instituciones que medio siglo atrás daban espectáculo y hacían del fútbol "pasión de multitudes", donde hacer jugadores era una faena cotidiana y aún cuando esos chicos aparecían después de una temporada muy positiva, al año siguiente ya vestían los colores de los grandes del profesionalismo.
Para esa tarea fantástica Iqueño tenía un sabio descubridor de talentos como Eugenio Castañeda, incansable en su trajín por canchas y barrios de Lima y provincias, logrando que la institución se convirtiera en el "semillero del fútbol peruano".
Nos hemos referido varias veces a Centro Iqueño, club que nos sedujo desde que lo viéramos con la casaquilla blanca y el short negro allá por el año 1956, saliendo a la cancha del Nacional dispuesto a darle más de un dolor de cabeza a los más poderosos, por algo la prensa deportiva lo bautizó como la "sombra blanca de Alianza Lima" al que vencían sin zozobra y con señorío.
Había mucho más en el equipo que bajó alguna vez a la segunda división para no volver, todos los esfuerzos del doctor Alfredo Swayne, presidente en aquel entonces (1970) fueron estériles, porque Iqueño no tenía convocatoria, sus hinchas se contaban con los dedos de una mano, y lo lamentable, el respaldo económico era limitado y exiguo. No sabemos si alcanzaba para pagar la cancha de entrenamiento. Lo que sí nunca hubo una huelga de sus jugadores.
Dentro de la pobreza que albergó el club, pese a todo, se erigió en campeón del torneo de Selección y Competencia del año 1957. Esto nos recuerda lo que sucedió en la década del 50 cuando Iqueño perdió su local o sede de la avenida Manco Cápac en La Victoria. La desafortunada información llegó a conocimiento de la familia Rojas Barandiarán, propietaria de un inmueble en la calle Monzón en Lima Cercado, cuyo simpatía por el cuadro albo venía de muchos años habiendo nacido en Ica. No demoraron en ponerse a órdenes de la institución y transferirles esa vieja casona.
Desde allí los iqueñófilos ocuparon la vivienda en forma graciosa, sin pago alguno y la convirtieron en la sede del club hasta que el momento de su desaparición, cuando se truncaron los sueños de un equipito que dió tanto por el fútbol peruano. Así se suman las tristes deserciones que nos dejan perplejos al no saber nunca más o muy poco de Defensor Lima, Mariscal Sucre, Atlético Chalaco, Mariscal Castilla, Asociación Deportivo Olímpíco (ADO), Porvenir Miraflores, Ciclista Lima, KDT Nacional, Carlos Concha, entre los más renombrados.