Vie4Ene 2019

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Días atrás habíamos tratado el tema de las Academias de Verano, opinando en el sentido que los responsables deben tener mucho cuidado con lo que ofrecen y la forma como administran las enseñanzas o la recreación a la que están orientadas. Se trata de una experiencia con muchos años en el país donde se aprecia como existen acciones dolosas enriqueciendo a sus promotores y desvirtuando, en un número importante de veces, el servicio contratado por padres de familias, originando la desilusión de los chicos y jóvenes cuando se dan cuenta que han sido timados.
Hacíamos una visita a un diario capitalino cuando nos topamos en el centro de Lima con Jaime Duarte, mundialista, ex jugador de la selección nacional, de Alianza Lima, San Agustín y Sport Boys, y con 28 años forjando nuevos valores en el club victoriano, persistiendo en su prédica de la formación de nuevos elementos como meta del más alto nivel en la institución íntima.
Cuando Duarte se inició como marcador de punta no existían los derechos de formación en el seno de FIFA. Lo que funcionaba eran los derechos de transferencia (venta) que debían quedar en poder del club que negocia la carta pase y del jugador que deja un club para ir a otro. Sin embargo años más tarde, década del 80, se comienza a ver que es un abuso que una entidad se "jale" a una figura en formación y que abone centavos al último club por "derechos de formación", cuando todo el trabajo ha estado a cargo de una anterior institución.
Esto se corrigió ya tiempo atrás y hoy queda claro que hasta los clubes de barrio cautelan a sus joyas jóvenes porque allí podrían tener importantes ingresos para sus arcas y buscando la reinversión de esas considerables utilidades Olvidando el fútbol profesional tenemos ejemplos muy destacados como el Deportivo Zúñiga que en la década del 90 vendió a Renzo Sheput y el "Machi" Pinillos que pasaron a las filas del Sporting Cristal, o en el caso de la Academia Deportiva Cantolao que hizo lo propio y con muchos jugadores no sólo en el país sino en el exterior, a lo que se suma en los últimos años Esther Grande de Bentín que se ha convertido en una cantera de valores caso Renato Tapia. O cuando Sporting Cristal negoció parte del pase de Luis Redher al fútbol español compartiendo con Unión Huaral y el caso de un elemento formado en La Florida como Martín Hidalgo que siendo un marcador de punta nada extraordinario fue vendido a un club español en un millón doscientos mil dólares.
Hay mucho que proteger en el fútbol de menores en nuestro país. No podemos dejar que las disposiciones sean letra muerte en manos de algunos avivatos que siempre se benefician al hacer firmar documentos en blanco a padres e hijos, para después pedir miles de soles por la libertad. Esto debe terminar ...