Mié2Ene 2019

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Cómo logramos que nuestros hijos y nietos estén ocupados en los meses de verano y sepan emplear bien su tiempo ahora que están de vacaciones. Serán 60 días para sacarles el jugo, pero sin cometer excesos.
Es un asunto recurrente que todos se preguntan y que en muchos casos no se encuentran respuestas suficientes. Ello porque son tantas las ofertas públicas y privadas de las llamadas academias que llevan a un desconcierto tal para elegir la más adecuada, que no sólo se toman decisiones por deporte y su costo, sino por el lugar y la preferencia que tenga el padre. Claro que cuando los chicos se convierten en jóvenes, sus opiniones son las que adquieren mayor incidencia y, por lo tanto, corren mucho más que aquellas de sus progenitores.
El asunto merecería una supervisión por parte de las autoridades municipales en primer término para evitar acontecimientos lamentables, por ejemplo, cuando los menores asisten a campos en pésimas condiciones, acaso con insuficientes espacios, servicios higiénicos de mala muerte, con materiales corroídos, sin ninguna seguridad, en fin, no representan la menor posibilidad de dar unas "vacaciones saludables" a los inscritos. Diríamos más, los promotores de estas academias son los primeros responsables porque tienen ambiciones económicas. En ese contexto, con mayor razón, se impone hacer mejoras en sus ambientes y asumir gastos para otorgar condiciones elementales adecuadas.
Eso no exime a las entidades públicas como son las academias municipales que están en la misma línea, todo lo contrario, son aquellas a cargo de las autoridades de turno. Justo en estos días en que se han instalado los nuevos alcaldes nos imaginamos que llegarán con todo el entusiasmo de honrar sus compromisos de servicio y que mejor que hacerlo en el campo deportivo, en beneficio de la juventud y niñez del país.
También está el tema sustantivo de la preferencia por determinado profesor o instructor. Hay que mirar quienes son los encargados del dictado de clases y sus prácticas, muchas veces apreciamos que son gente improvisada, cuya relación con determinada disciplina es sólo un accidente y que sin embargo se creen capaces para tomar a su cargo grupos de menores.
Las academias representan una caja de Pandora, un acertijo, una suerte de cometido sorpresa. Hay profesionales muy serios y muy competentes, que duda cabe. Sin embargo, los padres de familia deben abrir los ojos para no ser timados por sujetos inescrupulosos. Sólo así las vacaciones representarán un período de confort, aprovechamiento y buen descanso, con decisiones bien pensadas, no apresuradas.