Dom4Nov 2018

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Hace más de medio siglo cuando hacíamos nuestros pininos en el periodismo deportivo, no faltaba alguna voz experimentada en la prensa nacional que aseguraba que el Perú después del fútbol concentraba su atención en dos deportes: el boxeo y el básketball.
El boxeo por la presencia de una pléyade de púgiles como Antonio Frontado, Bom Bom Coronado, Mario Verano y el más valioso, intentando convertirse en campeón mundial, Mauro Mina. La gente enloquecía cuando los veía trepados en las doce cuerdas y los seguía como lo que eran: ídolos de verdad.
El básketball no estaba muy alejado. Con una generación simpar aquella de Fito Salas, Alberto "Camarón" Fernández, Carlos Alegre, Fernando Ruiz, jugando las Olimpiadas del 36, para luego entrar a una también estupenda de los hermanos Duarte (Luis, Enrique, Ricardo, Raúl y Juan Carlos), el chino Vásquez, Simón Paredes, Eduardo Airaldi (aún jovencito), consagrando a Perú como un tercero en el ámbito sudamericano.
Todo ese historial hoy es apenas un recuerdo y si empleamos un término coloquial podríamos señalar que se ha hecho trizas. Aún con trasmisiones de televisión, muchas en directo, seguimos a distancias siderales entre lo antiguo y el presente.
El pugilismo nacional hace buen rato que no tiene figuras de preponderancia. A Mina lo siguió Orlando Romero, Marcelo Quiñones, Fernando Rocco, más tarde Alberto Rossel y en los últimos años Jonathan Maicelo y Carlos Zambrano. En el baloncesto apareció en la década del 90 un sorprendente César de las Casas y más tarde los hermanos Juan Carlos y Julio César Monges. Allí paramos de contar.
A esta merma en dos deportes que fueron muy populares, se sumaron las acciones más insólitas. Se abandonó la tradicional Tribuna Norte y la Bombonera del Estadio Nacional donde el público asistía masivamente los fines de semana para seguir a sus ídolos. Lo hacía porque de alguna maneras era la casa del boxeo peruano.
El deporte de la canasta dejó el Coliseo del Puente del Ejército, alguna vez cancha de juego de un mundial femenino, y se mudó al Champagnat de Miraflores que resultaba chico para los grandes partidos. De allí se pasó al Dibós que nunca jaló una gran afición, para posteriormente deambular unos 20 años por plazas y campos de las más disímiles referencias.
Cuando se abrió la contratación de jugadores foráneos hubo una respuesta impresionante la que poco a poco se ha ido diluyendo y al día de hoy no existen señales positivas para el básket. Del boxeo su situación es muy parecida. Lo que se salva es el voley femenino del cual hablaremos mañana.

Arequipa - Perú 2018

Corporación Deportiva Fénix

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