Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Buenos Aires había postulado, sin éxito, a organizar los Juegos Olímpicos de Verano. Lo había hecho, que recordemos, en más de una oportunidad. Lo asambleístas del COI siempre habían objetado que un país sudamericano organice un evento de esta magnitud, negándole la confianza, hasta que por fin, el año 2009 decidieron otorgarle esa chance a Río de Janeiro para llevar adelante la justa del 2016. Y todo parece indicar que sus descomunales esfuerzos fueron gratificantes.
La capital argentina había sido a la carrera responsable de los Juegos Sudamericanos del 2006 a los cuales asistimos y pudimos observar la precariedad de su organización y limitados escenarios, concentrada en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Núñez donde se disputaba la mayor parte de las competencias. No hubo nada que destacar. Ni siquiera creemos que se tratara de un ensayo mirando cosas de mayor envergadura.
En estos días Buenos Aires ha logrado impactar en la opinión pública mundial con unos Juegos Olímpicos de la Juventud que en su tercera edición están superando a las dos ediciones anteriores, con una masiva asistencia de público, comprometido en apoyar con su presencia a los miles de participantes de más de 80 naciones.
Si bien es cierto se entregaron pulseras para el ingreso gratuito de los aficionados, muchas veces se aprecia que ni así la organización cuenta con respaldo, simple, al gran público no le interesa. Más aún cuando hay déficit en la conquista de medallas de los locales, que hasta el momento no es el caso de la delegación anfitriona que se ha colocado entre los diez primeros en el cuadro de méritos.
Pero no sólo es un tema de asistencia. Aquí juega un papel preponderante el compromiso del país, en el que desde las principales autoridades hasta el último ciudadano decidieron apoyar su realización. Es decir, aquello que la "unión hace la fuerza" cobra especial sentido.
A ello reconocer que los platenses siempre han sido protagónicos en deportes individuales y colectivos, que sus atletas han prestigiado sus colores en todo el mundo. Hoy ha tomado la ventaja en el continente por encima del resto y nos imaginamos que no sólo por el número de participantes en Buenos Aires, sino por la sensación única de organizar una justa olímpica que prestigia a Argentina y a los argentinos.

 

 

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