Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Con enorme beneplácito semanas atrás se ha recibido la distinción de la afición peruana como la "mejor del Mundial 2018" que con alrededor de 40 mil connacionales recorrió el territorio ruso siguiendo a la selección nacional en sus tres presentaciones ante Dinamarca, Francia y Australia. Los resultados nos dejaron fuera de la Copa del Mundo, pero no de conseguir tan preciado trofeo como consecuencia de un esfuerzo masivo.
Los momentos más brillantes de la presencia de nuestros hinchas se dió en el contexto de un apoyo impresionante, ejemplar respeto de la población de esa nación y de aquellos que se identificaban con otros colores, caso específico, nuestros empinados rivales en las canchas de juego.
Los momentos estelares, acaso, se dieron en la entonación del himno nacional y de los cánticos de nuestra música criolla a viva voz. Fue un momento impresionante, incluso para quienes veíamos esas imágenes en la tele.
En el ámbito internacional no hemos podido ser mejor reconocidos. Ha sido un gusto saber que el Perú tiene un lugar especial en la FIFA y que el mundo ha visto nuestro respetuoso comportamiento.
Todo lo contrario ocurre en el ámbito local donde cada vez son más serios los problemas que debemos afrontar para llevar adelante los "partidos emblemáticos" del campeonato Descentralizado. El Ministerio del Interior impone condiciones extremas que impiden muchas veces el desarrollo de algunos partidos por cercanía de canchas de juego, ante el temor que estemos frente a las consabidas agresiones de barras violentas, que, hasta han ocasionado desenlaces fatales.
Esta parte de la historia está en deuda en nuestro balompié casero. No llega a ser lo ideal jugar solo con la afición local, cuando hay encuentros de "alto riesgo" como son calificados por la policía nacional. Pero aparentemente no hay otro camino, como se ha visto en reiteradas oportunidades.
Lo que se ha conseguido con la violencia en el "deporte de multitudes" es alejar a la familia de los estadios, privar a miles de hinchas que pudieran gozar de su espectáculo favorito, situación que no se ha superado, que se mantiene, porque la gente en muchos casos teme concurrir a la cancha cada domingo, imaginando que pudiera no regresar a casa sin alguna agresión.
Cómo encarar este grave problema social es la gran pregunta en nuestro fútbol doméstico.

Corporación Deportiva Fénix

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