horaciopicPost partido inconcluso Olimpia - Sol de América en Pedro Juan Caballero se abre un sinfín de situaciones dignas de ser analizadas.

Cuando Marco Trovato dice esto no es fútbol, se queda hiper corto. En realidad es un atentado al civismo, a la sociedad sana. Al recién nacido. Al de la tercera edad. En definitivas, a toda la gente que todavía hay y que llora de alegría ante un triunfo y de tristeza cuando las cosas no salen.
Al decir que tomará medidas inmediatas y que con esto se produce una ruptura en la relación con la pésimamente mal llamada barra organizada, desde este espacio de opinión se augura que la fumigación y exterminio incluyan un deporte como el básquet.

 

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Primero que nada debido a que nos consideramos basqueteros. Y luego ya que vemos que muchos de estos tipos que no saben ni sus nombres de tan volados que viven, frecuentan los escenarios basquetbolísticos techados, que no tienen la capacidad de los futbolísticos y que les vienen al pelo para hacer lo que se les canta.
En esos lugares no existen alambrados, vallas, espacio suficiente y muchas veces tampoco hay seguridad. Y si de repente existe, vemos a los uniformados hablando con estos vándalos, tranquilizándoles, persuadiendo su nefasto proceder. Casi que adulándoles. Siempre es así. Se convive con esos momentos.
¿Para qué vamos a mentirnos?
Si son los mismos tipos que levantan en andas a esos dirigentes, que apostaron a un proyecto, cuando los objetivos se cumplen y es momento de ir a la churrasquería a festejar, a chupar y comer gratis, además de marcar presencia en todos los partidos o los que se juegan en cancha propia haciendo gala de todo lo que significa e implica andar como en casa.
Ni más ni menos.
Con la salvedad que en el básquet les resulta a ellos más fácil. Entran al parquet y listo. Ya lo hicieron. Probaron y les resultó. Allí intimidan, amenazan y presentan credenciales de cuán mbarete son y que es prohibido meterse con ellos.
Ese cuento, ese verso barato de la fiesta, de la resurrección del básquet, es bola. Legalmente, todo bola. Si al básquet se van con las astas de banderas con las que, en el estadio Río Parapití, usaron para pegarse entre ellos, como objetos más que contundentes.
Lindo será que la Confederación Paraguaya de Básquet se ponga los pantalones. Que accione. Que demuestre que tiene cojones. Aunque sea por vez primera. Y ya que vive pendiente del fútbol y para el fútbol, que marque territorio.
Hay juegos de básquet que no se disputan en el día previsto o se inician más temprano, para dar prioridad a la selección nacional de fútbol. Y el deporte rey nunca para, no se atrasa ni se adelanta, por la naranja americana de cuero.

De manera ferviente, sincera e intensa, deseamos que del básquet por lo menos se vayan estos sujetos.
Es un deporte demasiado lindo y noble, cuya reactivación, resurrección, vigencia o proyección, por suerte, depende de motivos más trascendentes y profundos.
Que lo ocurrido en PJC sirva para que el básquet se adelante a la jugada, tape bocas y ponga un feroz “ACÁ NO LES QUEREMOS”. Bien claro, contundente y entendible. Estamos a tiempo.
Como sociedad, si esto se logra, meteremos un triplazo sobre el sonido de la chicharra. Lo festejaremos todos, sin distinción de equipos, colores de casacas, nombres y hombres.

 

Por Horacio Galiano Flor
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